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Cañón de la Mano, El valle de Igual 

Entre los cerros que ciñen el valle hay dos que dejan entre sí un hueco, una grieta larga y profundísima

El valle de Iguala es típico, puede servir de ejemplo a la definición de valle que dan los tratados elementales de geografía: es un terreno plano encerrado en un cinturón de montañas. Para salir de él o para entrar por el lado norte –antes de la construcción del ferrocarril– había que subir y bajar la cuesta del Platanillo.

Cuando se trató de construir la vía férrea de Iguala se buscó un lugar a propósito para entrar en el valle, evitando cuestas empinadas como la mencionada. Los ingenieros hallaron lo que buscaban: una hendidura, una arruga del terreno llamada el Cañón de la Mano.

Entre los cerros que ciñen el valle hay dos que dejan entre sí un hueco, una grieta larga y profundísima, en cuyo lecho corre un arroyo de caudal exiguo al menos durante la mayor parte del año. Se hicieron obras encaminadas a arrojar las aguas hacia un lado del cañón y en el otro lado se construyó el viaducto.

Cuando el viajero penetra en el cañón comienza a recorrer un dilatado y tortuoso callejón que podría tener una longitud de 5 km. En el fondo ve a un lado las aguas del arroyo y al otro el viaducto por donde corría el tren; a derecha e izquierda ve dos enormes acantilados, son las masas que forman el callejón y que allí están labrados a plomo, como gigantescos muros, muy altos; y más allá del borde de los muros aparece un jirón de cielo claro, cielo suriano, de un purísimo azul como el zafiro.

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