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Contrabando en su pleno esplendor, incrementa el tráfico de fayuca de cigarros y licor en la frontera entre México y Belice

Comerciantes de licores y cigarros de la zona libre de Belice no pararon sus actividades pese al cierre del puente internacional México-Belice, aprovechando la nula vigilancia policíaca y militar en ambas naciones; el envío lo realizaban a través de vehículos particulares, talleres y empresas de paquetería, según pudo investigar Sol Quintana Roo.

A mediados de marzo de este año, ante la contingencia generada por el Coronavirus autoridades de México y Belice cerraron sus fronteras y con ello retiraron el personal de custodia en esa zona fronteriza lo que fue aprovechado por los contrabandistas para el trasiego de alcohol y cigarros, principalmente.

Según se pudo averiguar el trasiego se realiza por las noches y madrugada a través del río Hondo ayudados de cayucos, para llevarlos a las bodegas en Subteniente López, donde posteriormente son distribuidos a sus clientes en vehículos particulares, empresas de envío y paquetería y tráileres.

Debido a la contingencia, personal policíaco establecido en el arco de seguridad de entrada y salida a Chetumal dejaron sus actividades de revisión para concentrarse en la aplicación de medidas sanitarias para “evitar” la propagación del virus, lo que facilita el tráfico, en menores cantidades pero sin mayores problemas.

Esta ilícita actividad pasó desapercibida para autoridades policíacas y militares, ya que se concentraron más en evitar la propagación del virus y recientemente se dieron a la tarea de atender a las personas que sufrieron inundaciones en comunidades de los municipios de Othón P. Blanco y Bacalar.

En la comunidad de Subteniente López, donde apenas en julio pasado se reabrió el paso a la zona libre por el antiguo puente, decenas de familias y comerciantes, principalmente, tenían la esperanza de una reactivación económica y hoy se enfrentan a una situación crítica, ante la falta de visitantes y a que el paso fronterizo no tiene fecha de apertura.

La localidad de Subteniente López es el principal punto de paso fronterizo entre México y Centroamérica, a través de Belice. Ubicada a 12 kilómetros de la ciudad de Chetumal, esta comunidad, denominada en sus orígenes Santa Elena, basa su dinámica socioeconómica en la explotación maderera.

Sin embargo, debido a condiciones adversas de la coyuntura económica en aquella época, estas empresas posteriormente dejaron de ser productivas, situación que las llevó a su cierre formal.

En 1964 el gobierno mexicano inauguró el Puente Internacional que permite el cruce sobre el Río Hondo, límite natural entre ambos territorios, mismo que convirtió en el principal apoyo para el tránsito de mercancías correspondiente al régimen de Zona Libre que ha tenido desde los años cincuenta la franja fronteriza de Chetumal.

A principios del año 2000, el país vecino de Belice crea una zona libre con pocas restricciones a las importaciones y grandes estímulos fiscales para los inversionistas.

En consecuencia, desaparece la zona libre de Chetumal y la movilidad hacia la frontera aumenta, incrementando la actividad en la Aduana de Subteniente López y en el puesto de control que regulaba el paso de vehículos ligeros, de carga, autobuses provenientes del interior del país en tránsito hacia Belice o Centroamérica y el movimiento de personas originarias de esta región hacia México, provocando el impulso de la actividad económica en esta demarcación.

Esta dinámica comercial descrita generaba una importante derrama económica para los habitantes de Subteniente López, alcanzando un promedio de tres millones de pesos al mes.

Nacieron entonces microempresas locales para la venta de comida, hospedaje, entretenimiento, estacionamiento de vehículos y demás servicios que demandaba el turismo que acudía a la Zona Libre para surtirse de productos sin impuestos; esa actividad compensó fuertemente la pérdida de empleos de las industrias de bienes maderables que había cerrado sus puertas.

Dada la gran cantidad de carga de productos mexicanos exportados hacia Centroamérica para el año 2007, el gobierno mexicano presentó el Proyecto del Puente Fronterizo Subteniente López II “Chactemal”, a dos kilómetros de distancia de este poblado.

Aunque los habitantes de Subteniente López se opusieron inicialmente al proyecto por el temor de perder la actividad económica que generaba el flujo vehicular, el gobierno se reunió con los pobladores y les aseguró que ese puente solamente se usaría para el tránsito de camiones de carga entre los dos países y que el tránsito de turistas se mantendría en el puente tradicional existente.

Toda vez que los camiones de carga, al estacionarse dentro del poblado rompían las calles por su gran tonelaje, la gente aceptó el planteamiento de muy buen ánimo.

Así entonces, para realizar la obra fue necesario que el ejido de la población cediera los terrenos necesarios para realizar las instalaciones de infraestructura, patios de maniobras y almacenaje para el nuevo puente fronterizo.

Esta obra, fue construida con una inversión de 173.5 millones 501 mil 643.24 pesos y tuvo como propósito albergar las oficinas administrativas de la Aduana, el Instituto Nacional de Migración, así como el desahogo de vehículos de carga que cruzaban la frontera con mayor frecuencia.

La sorpresa para la población fue que cuando se inauguró el puente Chactemal II, éste se abrió al flujo de vehículos de carga, importación, exportación y unidades vacías; pero también para el paso de turistas con una dinámica aproximada de trece mil vehículos diarios.

Usando el argumento de las escasez de recursos humanos, la autoridad decidió que la garita de Subteniente López reduciría sus horarios de operación de las 08:00 a las 17:00 horas y solamente permitiría en ese lapso de tiempo el paso de vehículos hacia la zona libre de Belice; es decir, que los vehículos mexicanos o de turistas provenientes de Belice o Centroamérica ya no podrían transitar por ese punto.

Esa decisión arbitraria y contraria a las promesas del gobierno provocó la reducción del flujo vehicular por la población de Subteniente López y, por lo tanto, una merma importante en la derrama económica que captaban las familias a través de pequeños comercios formales.

Pese a las múltiples quejas de los pobladores hacia las autoridades del Gobierno Federal, éstas no respetaron el acuerdo que establecieron con los habitantes de la comunidad, de mantener abierto el “viejo puente”, mientras el “nuevo puente” sería exclusivo para vehículos pesados y de carga.

A pesar de diversos llamados y hasta protestas de los habitantes hacia las autoridades, cinco años después la garita y el “puente viejo” permanecen cerrados, de la misma manera que las opciones de ingreso para los habitantes de esta localidad por medidas sanitarias que generó la llegada del Coronavirus.

-Por el Sol de Quintana Roo

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