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¡Jálalo que es pargo! – Da el que quiere, no el que tiene

Hace apenas unos días supe de una joven mujer que se recupera de una operación que le fue practicada en el hospital general Donato G. Alarcón de Ciudad Renacimiento.

Con las secuelas aún de la intervención quirúrgica, la dama en mención tuvo que reincorporarse ya a su trabajo, pues de él depende el sustento de sus tres hijos, dos de ellos menores de edad, asumiendo el papel de padre y madre a la vez, como muchas admirables madres solteras de nuestro Acapulco.

Luchona por naturaleza, activista en pro de los derechos de las mujeres y en general solidaria con las causas justas, no pasó desapercibido para ella el calvario que a diario sufren los familiares de pacientes que se encuentran internados en ese centro hospitalario: Hambre, sed, desesperación por no tener el recurso para comprar algún medicamento, velando o durmiendo muchas veces a la intemperie o arrinconados en alguna esquina, en la banqueta.

De ahí que le nació la iniciativa de organizarse junto con amigos y conocidos que se animaron a solidarizarse con esa causa para llevar a esas personas algo con qué paliar su situación. Se decidió por tortas, café y otros comestibles más, que entregó este sábado por la mañana con mucho entusiasmo y de todo corazón.

La enseñanza de esto es de que nuestro personaje, con todo y sus limitaciones físicas y económicas, pero con mucha actitud, pudo llevar un poco de ayuda a quienes realmente lo necesitan, y que si todos nosotros hiciéramos algo por nuestros semejantes el mundo viviría con menos complicaciones.

Agradeciendo siempre a Dios que nos da la oportunidad de compartir lo que nos ha permitido tener, en la fundación JACKOmienza AC desde hace varios años hemos venido practicando y fomentando la ayuda a nuestros semejantes, tanto de las comunidades rurales como de las colonias de la periferia e incluso en la zona urbana, tratando de contribuir con nuestro granito de arena y con lo que modestamente vamos pudiendo a que otros seres humanos vivan mejor.

No es que nos sobren los recursos, pues el dinero nunca sobra, mucho menos por hacer gala de derroche; es simplemente la satisfacción de mirar una sonrisa en el rostro de un niño, de una madre afligida, de un joven que tiene la oportunidad de alcanzar sus sueños, o de un anciano que cumple un viejo anhelo, como aquellos ancianos de un albergue que mi esposa Alejandra llevó al mar, cuando ellos tenían la certeza de que morirían sin volver a verlo.

Es algo que nos llena de orgullo y satisfacción, pero siento que debe ser doblemente satisfactorio y orgulloso cuando este tipo de acciones las hacen personas como la dama que relatamos, con todo y las limitaciones, simplemente con voluntad, con fe y con corazón. Bien lo dice el dicho: “Da el que quiere, no el que tiene”. Cuántas veces hemos visto la necesidad y la abundancia en el mismo lugar, pero con sentimientos diferentes; hoy vemos que hay quienes lo tienen todo, respetable quienes lo hayan logrado por su esfuerzo y por la vía legal, pero nunca ayudan; hay otros que literalmente no tienen nada, y son los más solidarios.

Mientras tanto… ¡Jálalo que es pargo!

 

Jacko Badillo 

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