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La nueva ola española desvanece la pesadilla italiana del 92 y se mete en la final

 La escuadra de David Martín supera un duelo pendular y dramático (8-7) y se cita con Serbia para optar a su primer oro en un Europeo

A Estiarte, a Pedro García, al malogrado Rollán, a Ballart que se ‘desmelenó’ comentando el partido para Televisión Española, a Txiki Sans que se consumió en la grada, a Miki Oca, preocupado y ocupado por el partido por el bronce que debe afrontar con su selección femenina, a todos los que lloraron a moco tendido aquel 9 de agosto de 1992 tras perder la final olímpica contra Italia después de tres prórrogas, les hubiera cambiado el ánimo, el rostro, la vida entera con lo que sucedió 26 años después en la misma piscina y ante el mismo rival. Esta vez España ganó a Italia (8-7), en un final polémico, que si el último tiro de los italianos entró o no. Pero los árbitros consideraron que el balón, tras el trallazo de Pietro Figlioli y rebotar en el palo, no acabó de entrar.

Ganó España, la nueva ola de su waterpolo y se clasificó por segunda vez en su historia para la final de un Europeo. Este sábado tendrá la posibilidad de alcanzar el oro por primera vez en este torneo, el único que le falta tras los que obtuvo en los Juegos de 1996 y en los Mundiales de 2001 y 1998. Enfrente se encontrará a Serbia, que superó a Croacia en la otra semifinal (9-8) y que puede presumir de ser campeona olímpica y optar a su cuarto título europeo consecutivo.

No pudo ser más apasionante, oscilante y dramática la semifinal ante Italia. Empezó con un gol italiano, del nacionalizado Bodegas, en su primer ataque. Un mal augurio. Italia llegaba fortísima, imponente, tras arrollar a Rusia en los cuartos de final (11-1). Pero salió a relucir el juego más desinhibido y fresco de España, los goles de Perrone, Tahull, Mallarach y Munárriz. España dominaba por 4-1. Iba viento en popa, bien pertrechada atrás, con un López Pinedo como siempre certero en sus intervenciones y agresivo en la demanda de esfuerzo y acierto a sus compañeros.

ESPAÑA, 8; ITALIA, 7
España: López Pinedo; Larumbe (-), Fernández (1), Minguell (-), Perrone (1), Granados (1), Del Toro (-), Bustos (-), Cabanas (-), Tahull (2), Mallarach (2) y Munárriz (1).

Italia: Del Lungo; Di Fulvio (3), Presciutti (-), Bodegas (1), Echenique (1), Renzuto (2), Fligioli (-), Velotto (-), Gallo (-), Molina (-), Bertoli (-) y Fondelli (-).

Parciales: 1-1, 3-2, 1-3 y 3-1.

Árbitros: Boris Margeta (SLO) y Georgios Stavridis (GRE). Eliminaron por tres exclusiones a Minguell, por España.

Piscina Bernat Picornell de Barcelona. Unos 4.000 espectadores.

La reacción de Italia fue fulminante. Los brazos de Renzuto y, sobre todo de Di Fulvio, martirizaron a López Pinedo. La defensa española sufrió, presa del estrés y las exclusiones. A menos de siete minutos para el final Di Fulvio ponía el 5-7 en el marcador y aventaba los peores augurios en la Picornell. De nuevo el fantasma italiano, la sensación de inferioridad, la fatalidad. Pero en ese momento reapareció el descaro de esa nueva savia de la que se nutre el equipo de David Martín, los brazos de Roger Tahull y de Granados pusieron el empate a siete. Pasaron unos minutos eternos en los que ni unos ni otros acertaron.

Hasta que surgió otro tiburón español, Francisco Fernández, encontró un pasillo inesperado en la transición de defensa a ataque, Bustos habilitó el hueco arrastrando a su defensor. Fran prosiguió su sprint desaforado y no paró hasta plantarse ante el talentoso portero italiano, Marco Del Lungo, al que batió. Quedaba poco más de un minuto. Ante Italia, un mundo.

España, tras perder una última opción ofensiva, defendió la última acción con toda el alma. Los árbitros excluyeron a Fran Fernández. Y Pietro Figlioli se jugó la última opción. El balón rebotó en el poste, en un brazo, se meció sobre el agua, los italianos se desgañitaron reclamando que había rebasado la línea de gol, empezando por su seleccionador, Sandro Campagna, el mismo que le metió dos goles a España en aquella final de hace 26 años. Los árbitros hicieron caso omiso.Y España saboreó una victoria que le sabe a gloria, aunque todavía le queda la asignatura pendiente del oro europeo, se quitó de en medio la pesadilla italiana, que duraba y duraba, desde 1992 nada menos.

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