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Un Manchester City superior amarga el estreno de Emery en la Premier

El Arsenal apenas esboza respuestas ante el vigente campeón y Guardiola suma su undécimo partido sin perder contra el nuevo técnico del equipo londinense

A la media hora de partido, de su puesta de largo en el Emirates como entrenador del Arsenal, Unai Emery ya buscaba soluciones a problemas. De pie, con la mano sobre la boca llamó a varios de sus hombres hacia el área técnica para tratar de ofrecerles herramientas que les atornillasen al partido. El revolcón era serio, pero el marcador escueto. Al descanso el Arsenal se fue con la agridulce sensación de estar superado y al tiempo en el partido. Camino de la hora quien empezaba a incomodarse era el Manchester City, apurado porque un partido que debía tener en el bolsillo empezaba a estar en disputa. Ese fue el momento del Arsenal, apenas dos o tres minutos, un par de robos de balón en zona sensible y, sobre todo, un intento de Lacazette que se fue cerca del palo de la meta de Ederson, que apenas se había tenido que emplear hasta entonces. Tampoco después. Fue un visto y no visto. De inmediato Agüero, de los pocos que no se entonó en el City, dejó pasar la sentencia. En la acción siguiente la encontró Bernardo Silva.

El Manchester City ganó (0-2) en Londres al Arsenal y nadie podrá discutirlo. No solo es más equipo sino que lo demostró en lo individual y lo colectivo. Sus futbolistas fueron más rápidos, más fuertes, más agresivos, más intensos y con mayor pericia a la hora de combinar, supieron jugar ante una defensa cerrada y desatarse en campo abierto. Por momentos propinaron un repaso al Arsenal y así debía ser porque se trataba del encuentro entre un equipo edificado y uno que anda en plena cimentación. Emery tiene tajo por delante y se supone que margen para hacerlo. Tampoco debe confiarse: las artes, las maneras y los tiempos en Inglaterra están lejos de ser aquellos que permitieron a Alex Ferguson, cuando no era Sir, emplear cuatro años en levantar un equipo ganador en Manchester. O a Wenger cambiar tantas dinámicas de décadas en Highbury.

Guardiola disfrutó de un año, que tal y como transita el fútbol, ya parece una eternidad. Ahora al inicio de su tercera campaña en Inglaterra está muy por encima de sus rivales. Tampoco le importó mucho que quince de sus futbolistas retrasasen el inicio de su pretemporada tras el Mundial. Los dos últimos fines de semana se acercó hasta Londres para competir contra Chelsea y Arsenal, dos nobles del torneo doméstico. Se ha mostrado tan superior que, aún en la primera jornada de liga, no parece posible imaginar que ambos puedan acabar por encima del vigente campeón.

El City no dejó más espacio a las dudas que el derivado de su falta de concreción. Influyó que Agüero no tuvo su mejor día, más que por lo que falló por lo poco que conectó con el resto de sus compañeros, que salieron al partido como aviones. Al cuarto de hora Sterling semejaba imparable. Dos maniobras suyas desnudaron a la zaga del Arsenal, la segunda valió el primer gol tras un recorrido por la frontal en busca de abrirse ángulo para un disparo. La defensa estaba tan acostada en su área que Cech se quedó sin capacidad de reacción porque cuando Sterling apretó el gatillo no tenía más visión que las espaldas de sus compañeros.

Emery quiso encontrar alguna respuesta sobre todo para que la presión tras pérdida le diese algún beneficio y porque sus chicos se encontraban más cómodos en el ida y vuelta. El City supo cortar ese vaivén, corrió cuando debió y paró y buscó triángulos cuando debió aplicar las matemáticas y no la física. Pero no sacó el mazo. Tropezaron con Cech, con la falta de puntería y le dieron hálito al Arsenal, que sin fútbol en la medular buscó justo ese valor de la contundencia. Xhaka y Özil volvieron a fracasar y el novel Guendouzi bastante hizo con sostenerse, así que Emery al inicio de la segunda parte juntó a Lacazette con Aubameyang para tratar de encontrar alguna opción ante Ederson. La tuvo, pasó de largo y ahí le llegó la puntilla.

Bernardo Silva acabó por ajusticiar al Arsenal con media hora por jugar, tiempo que transcurrió sin mayor chicha y con una amarga sensación en el Emirates, donde ya es habitual ver como la gente empieza a desfilar hacia las bocas de metro mientras el partido todavía está en juego. Liquidada la etapa de Arséne Wenger con el epílogo de catorce años sin ganar el campeonato, el Arsenal y su gente destilan la sensación de que están lejos de donde deben estar por potencial y seguimiento. Emery tiene una ímproba labor por delante, un reinicio que exigirá bisturí. Por ahora está muy lejos de Guardiola, al que sigue sin ganar tras once enfrentamientos directos.

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