En un día tan simbólico como el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, el senador Gerardo Fernández Noroña decide estallar en un arrebato de descalificaciones contra Grecia Quiroz, la alcaldesa de Uruapan y viuda reciente de Carlos Manzo, el exlíder del Movimiento del Sombrero asesinado apenas unas semanas atrás. En lugar de solidarizarse con una mujer que acaba de perder a su esposo en un contexto de violencia política rampante en Michoacán, Noroña opta por el camino del desprecio: la tacha de “irresponsable”, “ambiciosa” y hasta de “fascista” por atreverse a señalar a figuras morenistas como Leonel Godoy y Raúl Morón como posibles responsables del crimen. Su frase lapidaria —“Será candidata, se los firmo… pero de ahí a que nos gane hay un mar de diferencia”— no es solo un pronóstico arrogante, sino una amenaza velada que revela el miedo profundo de la 4T a perder el control en un estado clave.
Este episodio no es un lapsus aislado, sino la enésima muestra del estilo rudo, vulgar y cada vez más misógino de uno de los personajes más decepcionantes de la autodenominada “transformación”.
Noroña, que se presenta como un defensor del pueblo, no duda en minimizar el dolor de una viuda que asume la alcaldía en medio del luto, acusándola de usar el asesinato de su esposo para catapultarse políticamente. ¿Ambiciosa? Quiroz no buscaba el poder; lo heredó de un marido acribillado, en un municipio azotado por la inseguridad que el propio gobierno federal ha fallado en contener. Sus señalamientos no son caprichos: Manzo ya había denunciado en vida presiones y amenazas de esos mismos morenistas, y ahora su viuda exige que se investigue todas las líneas, incluyendo a Raúl Morón, Leonel Godoy e Ignacio Campos. Pero para Noroña, eso es “irresponsable”; mejor callar y someterse al narrative oficial de Morena, donde cualquier disidencia se etiqueta como “ultraderecha fascista”.
La ironía es lacerante. Mientras el país conmemora la lucha contra la violencia de género —con campañas gubernamentales que prometen erradicar el machismo y proteger a las víctimas— un senador de la mayoría oficialista usa la tribuna del Senado para atacar a una mujer vulnerable, cuestionando su legitimidad y reduciéndola a una “ficha del PRIAN”. Esto no es debate político; es violencia verbal disfrazada de ideología, un acto que perpetúa el ciclo de impunidad y silencia a las mujeres que se atreven a alzar la voz.
Senadoras como Verónica Rodríguez del PAN ya han exigido intervención de la CNDH y la presidencia del Senado, cuestionando si estos comentarios no rayan en la misoginia. Y con razón: Noroña niega haber sido misógino, pero sus palabras destilan desprecio patriarcal, minimizando el trauma de Quiroz y enfocándose en su supuesta “ambición” en lugar de en la justicia por el asesinato.
Este “estilo rudo” de Noroña —que él defiende como autenticidad— es en realidad un síntoma de la decadencia de la 4T: un movimiento que prometió igualdad y empatía, pero que en la práctica blinda a los suyos y ataca a quienes los cuestionan, especialmente si son mujeres. El miedo no anda en burro, como reza el dicho: Morena tiembla ante la posibilidad de que figuras como Quiroz, respaldadas por movimientos populares como el del Sombrero, erosionen su hegemonía en Michoacán.
Diputados como Carlos Bautista han salido en defensa de la alcaldesa, retando a Noroña a enfrentar el dolor de las víctimas en lugar de esconderse tras insultos. Pero el senador prefiere la diarrea verbal, confirmando que su vulgaridad no es fortaleza, sino debilidad.
Si la 4T realmente aspira a erradicar la violencia contra las mujeres, debe empezar por purgar a personajes como Noroña, cuya retórica tóxica envenena el debate público. De lo contrario, sus conmemoraciones del 25N serán solo hipocresía: palabras huecas mientras las víctimas son revictimizadas desde el poder. Grecia Quiroz merece justicia, no desprecio. Y México merece líderes que combatan la violencia, no que la perpetúen con sus bocas.
