Home Nacional De la Megafarsa a las Minifarsas: El Fracaso Monumental en la Salud Pública Mexicana

De la Megafarsa a las Minifarsas: El Fracaso Monumental en la Salud Pública Mexicana

De la Megafarsa a las Minifarsas: El Fracaso Monumental en la Salud Pública Mexicana

En un intento desesperado por maquillar el rotundo fracaso de la llamada “Megafarmacia del Bienestar”, el gobierno federal presentó ayer, 2 de diciembre de 2025, su nueva ocurrencia: las “Farmacias del Bienestar”, o como se les ha bautizado popularmente, las mini farmacias. Anunciadas por la presidenta Claudia Sheinbaum en el Estado de México, estas supuestas soluciones consisten en 500 módulos instalados en las Tiendas del Bienestar, que ofrecerán apenas 22 medicamentos para cubrir el 80% de los tratamientos crónicos. Suena prometedor en el discurso oficial, pero en la realidad, no es más que una vitrina rodante con ruedas, similar a un carrito de crepas, que pretende resolver el desabasto crónico de medicamentos que ha azotado al país durante años. Esta iniciativa, que se expandirá a nivel nacional para mediados de 2026, no solo es insuficiente, sino que huele a clientelismo político y a un nuevo desvío de recursos públicos. ¿Cómo hemos llegado de una “farmacia más grande del mundo” a estos remedios caseros improvisados? La respuesta es simple: incompetencia, corrupción y una total falta de visión estratégica en el sector salud.

La mini farsa de esta tragicomedia de la Megafarmacia.

Recordemos el origen de esta tragicomedia. La Megafarmacia del Bienestar, inaugurada con bombo y platillo a finales de 2023 en Huehuetoca, Estado de México, fue vendida como la panacea universal contra el desabasto de medicamentos. Con una inversión que superó los 15 mil millones de pesos, prometía almacenar hasta 286 millones de piezas de fármacos y abastecer a 20 mil unidades médicas, beneficiando a 50 millones de mexicanos sin seguridad social. El entonces presidente Andrés Manuel López Obrador juraba que nada impediría su funcionamiento, con un número de atención (5595-00911) para reportar faltantes y surtir recetas en menos de 48 horas. ¿El resultado? Un elefante blanco monumental: el sitio está vacío, sin trabajadores, sin atención telefónica y sin rastro en los portales de transparencia de Hacienda. En su mejor momento, apenas surtía 6 recetas al día, un número ridículo frente a la magnitud del problema. Hoy, el gobierno ni siquiera responde preguntas sobre su operación durante comparecencias en el Congreso, optando por el silencio y culpar al “pasado neoliberal” por un desastre que ellos mismos agravaron.

Es un monumento a la ineficiencia: miles de millones tirados a la basura, mientras pacientes con cáncer, diabetes y otras enfermedades crónicas siguen sufriendo por falta de medicinas en hospitales públicos.

Ahora, ante el colapso evidente de la megafarsa, entran en escena las mini farmacias. Estos “módulos” –básicamente vitrinas con ruedas y un puñado de fármacos básicos– se instalarán en tiendas del Bienestar y se limitarán a entregar medicinas solo a quienes estén afiliados al programa de salud casa por casa. ¿Gratuitas? Sí, pero con un costo político implícito: condicionar el acceso a la salud a la lealtad partidista, convirtiendo un derecho constitucional en una herramienta de clientelismo electoral. Críticos ya las llaman “microfarmacias” o “carritos de crepas medicinales”, y con razón: con solo 22 medicamentos, son una gota en el océano ante un desabasto estructural que afecta a millones. El gobierno gasta más de 2 mil millones en proyectos fallidos como la megafarmacia, y ahora invierte en estos parches improvisados que, previsiblemente, no estarán surtidos ni operativos a pleno. Es el mismo patrón: promesas grandiosas, ejecuciones mediocres y un velo de opacidad para ocultar el robo y la corrupción. Si el dinero derrochado en la megafarmacia se hubiera invertido directamente en comprar medicinas, el desabasto habría sido menor; en cambio, se usó para propaganda y desvíos.

Este circo de farmacias grandes y pequeñas revela una verdad incómoda: el gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” ha convertido la salud pública en un botín político, priorizando elefantes blancos y clientelismo sobre soluciones reales. Mientras presumen transparencia, borran datos de portales oficiales y evaden preguntas. Los pacientes no necesitan más simulaciones ni atole con el dedo; merecen un sistema de salud eficiente, con compras centralizadas transparentes, inversión en infraestructura hospitalaria y rendición de cuentas. Hasta que no haya consecuencias por estos fraudes monumentales, seguiremos en el mismo ciclo de promesas vacías y sufrimiento real. México merece mejor que estas farsas medicinales.